Integrar la perspectiva de género en las políticas activas de empleo (PAE) es una exigencia normativa consolidada, pero su aplicación práctica sigue siendo un reto técnico para muchas administraciones públicas. La distancia entre el marco formal y su implementación operativa no responde a una falta de compromiso, sino a la ausencia de herramientas metodológicas que permitan incorporar el enfoque de género de forma sistemática en todo el ciclo de intervención.
Esta brecha fue el punto de partida del proceso que desarrollamos con el Centro de Orientación, Emprendimiento, Innovación y Acompañamiento al Empleo (COE Aragón), organismo dependiente del Instituto Aragonés del Empleo (INAEM). El servicio consistió en diseñar y desarrollar un itinerario formativo especializado para el personal técnico del INAEM, orientado a fortalecer las capacidades para integrar el enfoque de género a lo largo de todo el ciclo de las PAE: desde el diagnóstico inicial hasta la evaluación de resultados.
El reto en las políticas activas de empleo
Las PAE constituyen uno de los principales instrumentos de intervención pública para mejorar la empleabilidad, facilitar la inserción laboral y reducir el desempleo. Incluyen orientación profesional, formación, intermediación, fomento de la contratación y apoyo al emprendimiento. En el caso del INAEM, el desafío se situaba en varios niveles complementarios.
El mercado laboral presenta desigualdades estructurales que no desaparecen por el hecho de no nombrarlas: segregación ocupacional horizontal y vertical, brecha salarial, distribución asimétrica de las responsabilidades de cuidados. Estas realidades condicionan de manera diferencial la disponibilidad, la permanencia y la trayectoria profesional de mujeres y hombres. Las PAE que no consideran estas variables no son neutras: operan sobre una realidad desigual y, al no analizarla, tienden a reproducirla.
El reto no residía únicamente en incorporar referencias formales a la igualdad, sino en integrar la perspectiva de género como criterio técnico transversal en el diseño y ejecución de los programas. Era necesario incorporar análisis sistemáticos de brechas de género, revisar criterios de elegibilidad para detectar posibles sesgos indirectos, integrar indicadores que permitieran medir impactos diferenciados y dotar al personal de herramientas que facilitaran la aplicación rigurosa del enfoque.
La perspectiva de género como criterio técnico
El marco normativo vigente no deja margen de ambigüedad. La Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres establece en su artículo 15 que el principio de igualdad debe guiar de forma transversal la actuación de todos los poderes públicos, y fija como objetivo prioritario de las políticas de empleo aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral (artículo 42). La Ley 3/2023 de Empleo señala explícitamente la reducción de las brechas de género como objetivo prioritario de las PAE (artículo 31), y la Estrategia Española de Apoyo Activo al Empleo 2025-2028 recoge entre sus objetivos estratégicos incrementar el alcance de la igualdad en el marco normativo y programático de las políticas activas.
El problema no es, por tanto, la falta de mandato. El reto consiste en traducir esos principios en decisiones técnicas concretas: qué datos recoger, cómo formular objetivos, qué indicadores incluir, qué criterios de elegibilidad revisar. Un enfoque parcial o tardío tiene eficacia muy limitada. La neutralidad formal no es sinónimo de igualdad real, y este es, precisamente, uno de los matices más difíciles de trasladar en procesos formativos: no se trata de corregir intenciones, sino de identificar efectos.
Cómo abordamos el proceso desde LIKaDI
El servicio se estructuró como un proceso de formación aplicada, orientado a fortalecer las capacidades del personal del INAEM para integrar la perspectiva de género en las PAE de forma sistemática. El punto de partida fue el análisis del marco normativo y organizativo del organismo, así como de los instrumentos existentes de planificación y gestión, lo que permitió ajustar los contenidos al contexto autonómico real y evitar aproximaciones genéricas.
El itinerario combinó trabajo conceptual y trabajo aplicado sobre los propios instrumentos del INAEM. Se abordaron los fundamentos del enfoque de género en las políticas de empleo, la integración de la perspectiva de género en cada fase del ciclo de las PAE (desde el diagnóstico hasta la evaluación) y el diseño de sistemas de seguimiento con indicadores que permitan medir impactos diferenciados. En cada bloque, el grupo trabajó sobre situaciones reales del contexto autonómico, lo que redujo la distancia entre los contenidos y su aplicabilidad práctica.
La combinación de marco teórico con ejercicios aplicados fue deliberada: sin base conceptual compartida, las intervenciones en igualdad tienden a depender de la sensibilidad individual de cada profesional; sin aplicación concreta, la formación no genera cambio en la práctica. El cierre del proceso incluyó una reflexión colectiva sobre el grado de integración del enfoque de género en la práctica institucional, con un valor que va más allá del aprendizaje individual: genera un diagnóstico compartido que puede orientar decisiones de mejora a nivel organizativo.
Aprendizajes desde la práctica profesional
La intencionalidad técnica como condición de partida
El proceso confirmó, una vez más, que incluso sin intención de reproducir desigualdades, la ausencia de análisis específico puede generar impactos diferenciados en detrimento de las mujeres. La sensibilización general no basta. Incorporar la perspectiva de género requiere formular preguntas concretas en cada fase del ciclo y adoptar medidas ajustadas a las desigualdades previamente identificadas. La intencionalidad técnica es una condición metodológica para que la intervención pública sea eficaz.
Formación conectada con la organización
La formación es condición necesaria, pero no suficiente. Solo resulta eficaz cuando está vinculada a los procesos reales de la organización. Trabajar sobre los instrumentos de planificación propios del INAEM, en lugar de sobre ejemplos abstractos, facilitó la transferencia y redujo la distancia entre lo aprendido y lo que se puede aplicar en la práctica. Hay, no obstante, un límite estructural que conviene nombrar: sin respaldo institucional y sin revisión de los instrumentos existentes, las capacidades desarrolladas en el proceso formativo encuentran pocas oportunidades de materializarse.
Emergió también un activo que con frecuencia se infravalora: el conocimiento previo de los equipos. El personal técnico del INAEM aportó experiencia acumulada, prácticas parciales y reflexiones fundadas que ya apuntaban en la dirección correcta. Cuando ese saber se reconoce, se sistematiza y se encuadra dentro de un marco metodológico compartido, se convierte en un punto de partida estratégico. El interés y las aportaciones de las personas participantes enriquecieron cada sesión y contribuyeron de forma decisiva al desarrollo del proceso.
Acompañamiento técnico para integrar la igualdad en empleo
La experiencia desarrollada con el COE Aragón se enmarca en nuestra línea de trabajo orientada al acompañamiento a administraciones públicas en la integración de la perspectiva de género en políticas sectoriales, y de manera específica en el ámbito del empleo. Este tipo de intervención no se limita a acciones formativas puntuales: se concibe como un proceso estructurado que combina capacitación, revisión metodológica y apoyo técnico especializado.
En el contexto de los servicios públicos de empleo, el acompañamiento puede incluir el diseño de itinerarios de formación aplicada adaptados al nivel técnico de los equipos, la revisión de instrumentos estratégicos y operativos con análisis de género incorporado, la definición y ajuste de indicadores de género integrados en los sistemas de seguimiento y evaluación existentes, y el apoyo técnico para integrar la igualdad en programas en ejecución. La transversalización no depende únicamente de la existencia de un mandato normativo, sino de la capacidad de traducir ese mandato en decisiones técnicas concretas y sostenibles en el tiempo.
Si tu organización trabaja en el diseño, planificación o evaluación de políticas activas de empleo y necesita reforzar la integración de la perspectiva de género con rigor metodológico, puedes conocer las modalidades de intervención disponibles en nuestra página de formación especializada en igualdad para administraciones públicas.

