Adiós, 2025. Te despedimos sin lágrimas por los propósitos olvidados (¿quién necesita ir al gimnasio en enero, eh?). Le damos la bienvenida al 2026 con optimismo y una sonrisa rebelde. Decidido: la paciencia es para meditaciones zen y las utopías, para los domingos de peli y manta. Porque, seamos claras, esperar a la siguiente generación para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres es tan out como usar un fax… o preguntarle a una ministra cómo le da la vida para planchar.
Con la seguridad de que ¡la igualdad es urgente!, hemos confeccionado una batería de deseos para el nuevo año: prioritarios, irrenunciables y, evidentemente, con perspectiva de género hasta la médula. ¡A darle caña a la rutina y a soñar en red, que para eso tenemos datos!
Igualdad salarial: un deseo tan obvio que debería estar cumplido desde hace décadas
Soñar con igualdad salarial en pleno 2026 suena a capítulo repetido. Simone de Beauvoir ya advertía que «el problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres» y aquí seguimos, viendo cómo los mismos trabajos, las mismas responsabilidades y las mismas fatigas acaban con sueldos muy diferentes.
Nuestro deseo: que los informes de brecha salarial sirvan únicamente para el recuerdo y que el talento no se mida nunca más con el algoritmo del género. Y sí, que las empresas no solo lo publiquen bonito en LinkedIn, sino que lo cumplan.
Sí, queremos sueldos igualitarios para todas. No es pedir mucho, es pedir justicia.
Reparto justo de tareas domésticas y de cuidados: ¡tiempo libre, por favor!
La conciliación sigue siendo territorio minado: la conciliación, en la práctica, es femenina, y la corresponsabilidad, todavía un horizonte difuso. Deseamos que lo privado y lo doméstico dejen de ser cuestiones marginales. Para 2026, queremos una sociedad que entienda que el cuidado es un asunto público, que debe ser redistribuido y no recaer siempre sobre el mismo hombro (normalmente, el de las mujeres).
Toca repartir tareas sin drama y sin modificar la agenda con cada gripe infantil… porque los permisos de paternidad deben dejar de ser noticia y los hombres deben lanzarse al ruedo de la corresponsabilidad con la misma garra que reclaman puestos directivos. Que las estructuras públicas, escuelas infantiles, horarios flexibles y teletrabajo real, den soporte para una vida plena y para que todas las personas puedan elegir y cuidarse mutuamente, de verdad.
Reivindicamos el derecho a aburrirnos, a tener hobbies inútiles, a descansar y a tener tiempo solo para nosotras. Que cuidar sea una responsabilidad colectiva (y corresponsable), porque como recuerda el movimiento feminista: lo personal es político.
Así que, 2026, vénganos la igualdad… ¡y que los infinitos grupos de WhatsApp del cole también sean cosa de padres!
Educación libre de sesgo: tu cuento de hadas puede tener heroínas (¡y computadoras!)
La educación sigue siendo el semillero clave para el cambio real. Queremos que este sea el año en el que los libros de texto dejen de tener científicas invisibles, que los cuentos infantiles no sigan perpetrando príncipes rescatadores y princesas pasivas. Deseamos otra educación, una que muestre científicas, astronautas, poetas y deportistas sin quedarse en la anécdota.
Queremos patios donde niñas valientes y niños sensibles sean protagonistas, docencias con mirada crítica que desmonten estereotipos y una educación afectivo-sexual basada en respeto y placer, no en miedo y tabú.
2026: ¡Queremos libros de texto violetas y docentes que sean agentes de cambio!
Que no tengamos que temer por nuestra vida ni por nuestro cuerpo (ni en la calle ni en casa)
¿Es mucho pedir poder caminar solas por la noche sin sentir miedo? ¿Y si por una vez el «vuelve a casa» deja de ser una recomendación de supervivencia para convertirse en una decisión voluntaria?
Queremos dejar de mirar hacia atrás, de cruzar la calle si alguien nos sigue, de sentir escalofríos en el ascensor. Así que, para este 2026, no queremos que nos asesinen, que nos violen, que nos agredan.
Cuerpos y vidas libres de violencia. Sencillo, ¿no?
Políticas públicas (de las de verdad) contra la violencia machista
Un pacto real, y no de postureo, para combatir la violencia de género. De esos con presupuesto que no acaba diluyéndose entre declaraciones de buenas intenciones. Sabemos que el patriarcado está bien organizado, pero de poco sirve fingir sorpresa ante cada nuevo caso, si no se abordan las raíces estructurales.
Las cifras siguen congelando el alma, pero nuestro deseo es que no lo hagan más. Que la perspectiva de género atraviese todas las políticas públicas, presupuestos y formación de los cuerpos de seguridad y de quien imparte justicia. No basta con indignarse en redes: queremos prevención, protección, justicia que escuche, no que vuelva a preguntarle a la víctima «¿pero seguro que fue así?».
La desigualdad se combate con recursos y con formación. No con minutos de silencio cada vez que una más nos falta. Políticas integrales ya, ¡gracias!
Liderazgos femeninos: más allá de la cuota, ¡revoluciona el tablero!
Ver a mujeres liderando debería ser ya tan normal como verlas en anuncios de detergente (pero sin mopa en mano, por favor). Lideresas políticas, económicas, deportivas, científicas, tecnológicas… deseamos que deje de ser noticia y pase a ser la nueva normalidad. Y no, no es cuota: es democracia real y talento repartido con justicia.
Para 2026, deseamos liderazgos auténticos, en todos los niveles y espacios de decisión: desde ministerios hasta directivas, desde programas de televisión hasta startups tecnológicas. Y no por el simple hecho de ser mujeres, sino porque es urgente y justo democratizar el talento y la toma de decisiones.
Soñamos con la desaparición de la pregunta «¿cómo compagina su vida familiar con su carrera?» cada vez que una mujer alcanza un cargo relevante. Y anhelamos que sean menos noticia (y más normalidad) una presidenta, una científica galardonada o una directiva que apuesta por la igualdad.
Emprendimiento de mujeres: innovar también con perspectiva de género
No olvidamos el mundo del emprendimiento y la economía. Deseamos que 2026 traiga con fuerza acceso igualitario a financiación, reconocimiento del valor de la igualdad en la innovación, entornos menos hostiles y eliminación de barreras invisibles (y visibles) para el emprendimiento liderado por mujeres.
Para 2026, deseamos que invertir en proyectos liderados por mujeres sea norma y no excepción. Queremos entornos profesionales y empresariales con espacios de intercambio que reconozcan el valor del talento de las mujeres desde el inicio.
Pedimos menos barreras, menos estereotipos y más oportunidades de verdad. El talento de las mujeres está y, sin embargo, no siempre se ve ni se apuesta en igualdad. Si una buena idea vale, debe tener las mismas posibilidades de salir adelante independientemente de quién la proponga.
Salud integral y con enfoque de género: porque no somos casos clínicos atípicos
No es noticia que la medicina a menudo ignora o minimiza los síntomas femeninos, ni que se invierte mucho menos en investigar enfermedades específicas de mujeres.
Nuestro deseo: una investigación científica y una atención sanitaria con perspectiva de género. Y que la salud mental, reproductiva y sexual deje de estar rodeada de estigma y silencio.
Medios de comunicación responsables: no más crónicas rosas de asesinatos machistas
Si en 2026 tenemos que volver a oír «una mujer ha perdido la vida a manos de su pareja», que alguien nos preste un megáfono para gritar: ¡NO, las mujeres no “pierden la vida”, son asesinadas! Los agresores no son monstruos ni protagonistas de telenovela, son responsables de delitos que destrozan familias enteras y perpetúan la desigualdad.
Señoras y señores de los medios: cuenten toda la verdad y, de paso, revisen el manual de lenguaje no sexista.
Mujeres poderosas, complejas y reales en todas partes (y sin filtros de Instagram)
Este 2026 queremos ver más mujeres protagonistas en el cine, la literatura, la publicidad, las series (y no solo como amiga del héroe, madre abnegada o víctima decorativa). Mujeres de todas las edades, cuerpos, orígenes, sexualidades, sin miedo a ser imperfectas ni a reírse de sí mismas.
Queremos ver, leer y escuchar relatos en los que las mujeres sean protagonistas, con voz propia y sin estereotipos limitantes. Más autoras, periodistas, guionistas; menos titulares condescendientes. Que la cultura nos muestre todas las interpretaciones posibles, y que nadie se quede fuera del relato.
Educación feminista (también para los “ni-ni”)
¿Hasta cuándo vamos a seguir escuchando la frase «yo no soy ni feminista ni machista»? Queremos educación feminista en las escuelas, desde Infantil hasta la universidad y más allá. Que dejen de llamarlo ideología y lo reconozcan como lo que es: derechos humanos.
Y, por favor, que todo aquel que suelte lo de «yo soy humanista» o «la violencia no tiene género», sienta la imperiosa necesidad de leerse El segundo sexo de Simone de Beauvoir entero.
Tecnología para todas: cerrando la brecha digital con un clic feminista
¿Y si el algoritmo también fuese aliado de la igualdad? Nuestro deseo es que haya más formación STEM para mujeres y niñas, y que la inteligencia artificial (y todo el universo tech) no repita los sesgos del mundo offline.
Queremos una internet que no acose, que ofrezca oportunidades, y donde ellas y ellos puedan co-crear sin miedo ni discriminación.
Bonus track: (auto)cuidado y un toque de humor para resistir
Sabemos que conseguir la igualdad de mujeres y hombres requiere constancia, pero también alegría y autocuidado. Para el 2026 queremos abrazos sinceros (en WhatsApp o en persona), risas que desmonten el machismo cotidiano y autocuidado para sanar la fatiga colectiva que arrastramos. Este año, deseamos coleccionar más momentos de humor, menos autoculpa y muchas celebraciones por cada pequeño avance.
La igualdad se conquista también permitiéndonos parar, mirar hacia dentro y disfrutar de la vida que, en última instancia, también reclamamos como derecho.
No hay varita mágica: el nuevo año traerá desafíos, resistencias e incluso retrocesos, pero aquí seguimos, más despiertas y, sobre todo, más desobedientes ante todo aquello que huela a desigualdad. Como bien decía Clara Campoamor, «la libertad se aprende ejerciéndola». Nuestra lista de deseos no es solo una carta: es un programa vital para que la igualdad entre mujeres y hombres pase a ser rutina.

