Igualdad de género en la ciencia: desafíos persistentes
El 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, es una fecha clave para reflexionar sobre la igualdad de género en la ciencia y la tecnología. Más allá de su valor simbólico, esta jornada permite poner el foco en un problema que sigue presente en los sistemas científicos y tecnológicos poniendo de relieve la necesidad de avanzar hacia un sistema científico más inclusivo y equitativo, capaz de aprovechar todo el talento disponible.
En las últimas décadas, la presencia de mujeres en la educación superior ha crecido de manera sostenida. Sin embargo, este avance no se ha traducido en una igualdad real en la ciencia. Las desigualdades persisten y se muestran en las condiciones laborales, el acceso a puestos de liderazgo o la financiación de la investigación, afectando de forma directa a las trayectorias profesionales de las mujeres. Esta realidad queda ampliamente documentada en el informe Científicas en cifras 2025, que muestra la persistencia de brechas de género en el sistema científico español, tanto en términos de segregación vertical como horizontal.
Desde una perspectiva social y de políticas públicas, estas desigualdades no pueden explicarse como el resultado de decisiones individuales. Se trata de un fenómeno complejo, vinculado a la interacción de factores culturales, educativos, laborales e institucionales que actúan de manera acumulativa a lo largo del tiempo.
Por este motivo, abordar la igualdad de género en la ciencia requiere una mirada integral. Solo así es posible diseñar estrategias eficaces, sostenidas y con impacto real sobre el conjunto del sistema científico.
Desigualdad de género en la ciencia: causas desde la educación
La desigualdad de género en la ciencia no aparece de forma repentina en la universidad o en los centros de investigación. Su origen se sitúa en las primeras etapas educativas, cuando los estereotipos de género comienzan a influir en la percepción de capacidades e intereses.
Desde edades tempranas, niñas y niños reciben mensajes distintos sobre qué disciplinas son adecuadas para cada uno. Estas ideas se transmiten a través del entorno familiar, los materiales educativos y los referentes culturales disponibles.
En este contexto, muchas niñas interiorizan expectativas más bajas en relación con las disciplinas científicas y tecnológicas. Este proceso afecta a la construcción de la autoestima académica y condiciona las decisiones posteriores.
Los datos muestran que las niñas obtienen resultados académicos similares o superiores en materias científicas durante la educación obligatoria. Aun así, su presencia disminuye progresivamente en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) a medida que avanzan las etapas educativas.
Este fenómeno, conocido como tubería con fugas, ha sido ampliamente documentado por organismos internacionales como la UNESCO, que alertan del impacto de estas dinámicas en la pérdida de talento femenino y en la reducción de la diversidad en la producción científica.
Actuar sobre estas dinámicas exige intervenciones tempranas y sostenidas. La educación juega un papel clave para desmontar estereotipos y ampliar las opciones formativas disponibles para niñas y jóvenes.
Brecha de género en la carrera científica e investigadora
Las desigualdades se intensifican en el ámbito profesional. La brecha de género en la carrera científica e investigadora se manifiesta con claridad en la promoción, visibilidad, el acceso a condiciones de estabilidad laboral y a los niveles máximos de toma de decisiones.
En las primeras fases de la carrera investigadora, la presencia de mujeres es significativa. Sin embargo, su representación disminuye de forma progresiva a medida que se avanza hacia posiciones consolidadas. El periodo posdoctoral actúa como un auténtico cuello de botella, al concentrar una elevada incertidumbre laboral en un momento vital clave.
La precariedad prolongada, la concatenación de contratos temporales y la exigencia de alta movilidad afectan de manera desigual y aumentan el riesgo de abandono del sistema, no por falta de mérito, sino por la acumulación de riesgos.
- Precariedad laboral prolongada en las primeras fases de la carrera investigadora
- Brecha salarial y menor reconocimiento profesional
- Dificultades de acceso a financiación y liderazgo de proyectos científicos
- Impacto desigual de la maternidad y los cuidados en la progresión profesional
Además, los criterios de evaluación suelen basarse en modelos de productividad lineales, que penalizan trayectorias discontinuas y no incorporan de forma adecuada las responsabilidades de cuidado.
Según los informes de ONU Mujeres, estas desigualdades responden a estructuras organizativas y culturales que continúan reproduciendo sesgos de género en sectores estratégicos, incluida la ciencia y la innovación.
Estas dinámicas no se limitan al ámbito académico. El informe Mujeres y emprendimiento en España 2024 muestra patrones similares de desigualdad en el acceso a financiación y liderazgo en el ecosistema emprendedor, una lectura que se ve reforzada por los análisis del Observatorio del Emprendimiento (GEM España).
Mujeres en la ciencia: referentes, reconocimiento y visibilidad
La historia de la ciencia ha invisibilizado muchas aportaciones realizadas por mujeres. Durante décadas, sus contribuciones fueron silenciadas, minimizadas o atribuidas a colegas varones.
Este sesgo histórico sigue teniendo efectos en el presente. La ausencia de referentes femeninos limita la identificación de niñas y jóvenes con la ciencia como opción profesional.
En los libros de texto, en la divulgación científica y en los espacios de reconocimiento, la presencia de mujeres continúa siendo menor. Esta falta de visibilidad refuerza la idea de que la ciencia es un ámbito masculino.
Tal y como señala la UNESCO, la visibilidad y el reconocimiento son condiciones necesarias para construir vocaciones científicas diversas y sostenibles.
Promover referentes femeninos no solo corrige una injusticia histórica. También contribuye a generar sistemas de conocimiento más inclusivos y representativos.
Políticas públicas para avanzar hacia la igualdad en la ciencia
Reducir la brecha de género en la ciencia exige políticas públicas integrales. Estas medidas deben ser coherentes, sostenidas en el tiempo y evaluables.
Las acciones aisladas o simbólicas no son suficientes. Resulta necesario intervenir de forma coordinada sobre el sistema educativo, científico y laboral.
- Integrar la perspectiva de género en la educación científica y tecnológica
- Impulsar programas de mentoría y acompañamiento profesional
- Garantizar condiciones laborales estables y dignas en la investigación
- Facilitar la conciliación y la corresponsabilidad en los entornos científicos
- Revisar los criterios de evaluación y financiación para eliminar sesgos de género
Este enfoque coincide con las recomendaciones de la Comisión Europea en materia de igualdad de género en investigación e innovación.
La evaluación continua de estas políticas resulta clave para garantizar su eficacia y su impacto real.
Ciencia, igualdad y transformación social
La ciencia no es neutra. Refleja las estructuras sociales, económicas y culturales en las que se desarrolla. Por este motivo, avanzar hacia la igualdad de género en la ciencia es una condición indispensable para mejorar la calidad del conocimiento.
La diversidad de miradas permite formular preguntas más completas y desarrollar soluciones más inclusivas. También contribuye a diseñar políticas públicas más eficaces frente a retos complejos.
Es más que evidente que la igualdad no puede entenderse como un objetivo sectorial ni como un añadido a la política; la igualdad es un eje transversal para la transformación social que ha de atravesar todo el sistema para construir modelos científicos más justos, sostenibles y verdaderamente orientados al bien común.
El análisis de la desigualdad de género en la ciencia muestra la necesidad de abordar los retos sociales desde una perspectiva integral, basada en el conocimiento, los datos y la evaluación. En el ámbito de las políticas públicas, avanzar hacia la igualdad requiere visión estratégica, compromiso sostenido y acompañamiento experto, como el que desarrollamos desde Likadi.

