LIKaDI – Formación, empleo y género

Más ejemplos de lo que significa el androcentrismo…

Más ejemplos de lo que significa el androcentrismo…

Según la RAE el Androcentrismo es la “Visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista masculino“, es decir, lo que desde LIKaDI hemos definido como “el modelo social que coloca en el centro de la vida, del pensamiento y de su organización al Hombre, varón y que se estructura en torno a un modelo de relación patriarcal y jerarquizado que ha originado un trato desigual y una discriminación social de las mujeres“.

De que este modelo es el que rige en nuestra sociedad tenemos infinitos ejemplos, pero hoy vamos a destacar solo algunos, como el que plantea el titular de El Diario.es: La menstruación, la gran olvidada en las intervenciones humanitarias, y que nos relata cómo todo lo relacionado con la higiene menstrual de las mujeres es totalmente olvidado cuando se diseñan los kits para situaciones de emergencia, ¿cómo es esto posible, siendo las mujeres, normalmente, como mínimo la mitad de la población afectada en estos casos? Sencillo, porque el modelo de ser humano sobre el que todo se diseña es el varón.

En este mismo sentido, hace poco veíamos otra noticia de este mismo diario que nos relataba cómo la endometriosis, enfermedad que parece ser afecta a más de 2 millones de mujeres en España, era totalmente invisibilizada, y sus síntomas normalizados (La endometriosis, la enfermedad de las mujeres ninguneada por la sociedad). En Salud, estos ejemplos son numerosos, como ocurre con el infarto agudo de miocardio, que en la actualidad no solo son infratratados, sino incluso infradiagnosticados en el caso de las mujeres, pues no se reconocen los diferentes síntomas que cursan en esta enfermedad según el sexo. Aunque más hombres padecen esta enfermedad, la tasa de mortalidad es mayor entre las mujeres, precisamente por que lo que se reconocen, por más estudiados, son los síntomas que presentan los varones, mientras que los que presenan las mujeres suelen ser achacados a otros motivos (ansiedad, angustia…).

Estos son nuestros dos pequeños ejemplos de hoy, que podrían ampliarse, por desgracia, a un número mucho mayor. Reconocer que este es el modelo que rige en nuestra sociedad es un paso de gigante en la lucha contra la desigualdad de género, porque, difícilmente vamos a diseñar buenas soluciones, cuando no somos capaces de reconocer (o nos negamos a ello) el problema.